Problemas de lenguaje, alimenticios, auditivos, baja autoestima, trastornos del sueño y de la alimentación, riesgo de cuadros de epilepsia, aislamiento, ansiedad, depresión, problemas de la vista, con el aprendizaje y hasta intentos de suicidio podría ocasionar el uso desmedido de en niñas, niños y adolescentes, advierten especialistas.

Médicos, especialistas y docentes consultados por este diario argumentan que el uso antes del confinamiento por la pandemia de Covid-19 era de 74.9% en niños, niñas y adolescentes, pero pasada la contingencia se elevó a 79.2%.

Coinciden en la conveniencia de que los padres y madres de familia, así como tutores, establezcan límites para fijar el tiempo que un menor puede pasar frente a la pantalla de un dispositivo electrónico, y de la necesidad de una campaña de concientización sobre los daños que podrían generar los aparatos digitales, desde celulares hasta videojuegos.

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La última versión de la investigación La Nueva Realidad: Padres, adolescentes y dispositivos móviles en el mundo indica que la mitad de los adolescentes mexicanos sienten que pasan mucho tiempo con sus dispositivos electrónicos, y que cuatro de cada cinco padres de familia están de acuerdo en que sus hijos se distraigan con éstos.

Revela que 67% de los adolescentes dicen que una de sus formas favoritas de comunicarse con amigos es por chat, mientras que un 40% dice hacerlo vía telefónica, y agrega que 67% de los niños y adolescentes mexicanos aseguran que se sentirían “al menos un poco aburridos o ansiosos” si tuvieran que pasar un día sin su dispositivo móvil.

Nadia González García, médica especialista en Neurociencias e investigadora del Hospital Infantil de México Federico Gómez, destaca que un niño o adolescente se considera adicto a su dispositivo móvil cuando su uso es irreprimible, incontrolable y abusivo, y llega a desplazar otras actividades, como jugar, relacionarse con la familia y los amigos o trasnocharse.

Comenta que, de acuerdo con algunas investigaciones, el uso más de cuatro horas al día puede ser considerado una adicción.

“Al igual que los adictos a sustancias o al juego, el uso excesivo del internet y las tecnologías son conductas adictivas. Es preocupante cuando se empiezan a postergar otro tipo de actividades o el uso del celular empieza a interferir con la vida habitual, con las relaciones interpersonales o incluso pueden tener algunos problemas de salud física relacionados con molestias como dolor de cabeza, tendinitis o problemas de sueño”, comenta.

Dice que existe una mayor preocupación con el grupo de niñas, niños y adolescentes, ya que su cerebro se está desarrollando y todavía no está madura la región prefrontal, que tiene que ver con la inhibición de la conducta y la toma de decisiones: “Eso hace que estos grupos de menor edad sean más susceptibles al desarrollo de adicciones, tanto cuando se inicia precozmente el consumo de una sustancia, pero también con el tema de la tecnología”.

Expone que, desde hace más de 15 años, las niñas, niños y adolescentes cambiaron la lectura y los juegos por los dispositivos electrónicos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), los niños en México no leen por falta de estímulos durante la infancia. Un 83% de la población no lectora dice que sus padres o tutores no los llevan a librerías o bibliotecas, 79.7% señala que no les leen y 68.3% argumenta tampoco los ve leer.

González García comenta que muchos padres facilitan celulares a sus hijos menores de dos años para calmar su llanto o para jugar: “La exposición excesiva es perjudicial porque puede acelerar el crecimiento del cerebro y asociarse con déficit de atención, retrasos cognitivos, problemas de aprendizaje, aumento de la impulsividad y falta de autocontrol, así como aumentar el riesgo de trastorno bipolar, sicosis y conductas agresivas en personas con predisposición a estos cuadros”.

Menciona que ha tratado casos de personas menores de edad que llegan a ese nosocomio para ser tratadas por alguna afección causada por el uso excesivo de un dispositivo móvil.

“Sí, he tratado algunos casos de niños con problemas de regulación emocional. Y es que si un niño o una niña hacen berrinche, la mamá o el papá le sueltan el celular o la tableta, en vez de negociar.

“Entonces, el niño no aprende a regularse mentalmente y eso, a la larga, provoca muchos problemas de conducta”, comenta.

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De acuerdo con la consultora The Competitive Intelligence Unit (CIU), “los niños desde temprana edad ya se encuentran inmersos en un entorno tecnológico, en el que el acceso a estas herramientas no sólo es cada vez más notable, sino que también es cada vez más necesario para su desarrollo integral”.

Añade que es necesario trabajar en conjunto para garantizar que todos los niños tengan acceso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) de manera universal, segura y responsable, fomentando un entorno digital inclusivo que promueva su desarrollo integral.

“Es crucial que los padres, educadores y legisladores estén conscientes de los desafíos y riesgos asociados con el uso de las TIC en la infancia y colaboren de manera conjunta para mitigar sus impactos negativos”, sostiene.

Leticia Delgadillo, coordinadora académica de una escuela primaria privada ubicada al sur de la Ciudad de México, comenta que los y las maestras empezaron a ver un problema porque niñas, niños y adolescentes no quieren soltar sus dispositivos electrónicos.

Comenta que en el plantel en el que labora se analizó este problema y se acordó trabajar para que los estudiantes vieran en los dispositivos móviles sus aliados en el proceso de aprendizaje: “Empezamos a trabajar con investigaciones, les empezamos a preguntar y [a pedirles] que buscaran en el internet, porque es la manera en que se dan cuenta de que los dispositivos electrónicos no sólo sirven para jugar, sino también para aprender”, afirma.

“Como son tan estimulantes los juegos, pues eso es lo que los lleva en muchas ocasiones a no querer soltar la tableta, el juego o el celular”.

Indica que si bien los maestros y maestras lidian a diario con los pequeños y los adolescentes para evitar distracciones en las aulas, en muchos de los hogares se les deja libremente con los dispositivos electrónicos: “Los maestros y maestras a lo que nos estamos enfrentando es a que durante el horario escolar regulamos toda clase de dispositivos, pero en sus casas los papás y mamás, con tal de aligerarse la carga, lo primero que les dan es la tablet, el celular o el videojuego”.

Agrega que “todo esto viene de casa, yo creo que sí es una generación de papás muy difíciles que están generando niños más complicados todavía, porque hay niñas, niños y adolescentes que no duermen o si lo hacen es a las tres, cuatro o cinco de la mañana por estar pegados a una tablet o a un celular”.

Y dice que en la escuela en la que trabaja no faltan los estudiantes que, violando el reglamento del plantel, llevan la tablet o el celular a las clases.

“No falta el papá o la mamá que me diga ‘hoy llevó el celular porque luego va a ir a otra casa y luego no sé nada de él’. Pero esto es para justificarlos. Pero yo se los recojo y hasta el otro día tienen que venir por la tablet o el celular”, añade.

Profesora-investigadora en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Úrsula Zurita explica que en la actualidad niñas, niños y adolescentes hacen un uso muy marcado de las tecnologías, durante horas incluso en distintos dispositivos tecnológicos.

“Las consecuencias en su vida individual, familiar, social y en particular en la escuela ya se han advertido. El uso desmedido de los dispositivos inteligentes acarrea consecuencias negativas muy visibles: la pérdida de los procesos de socialización, de la convivencia en distintos espacios, que los convierte en personas con más dificultades para interactuar colectivamente.

“También se advierte en la pérdida de capacidades y habilidades para convivir con personas diferentes, para enfrentar disenso o discrepancia, o tener tolerancia a la frustración o enfrentar de mejor forma los conflictos”.

Nuestra generación, abunda, tiene el recuerdo de cómo fue nuestra infancia y añoramos las reuniones con las amigas, los amigos, las fiestas familiares, las vacaciones, el cine, etcétera, pero las niñas, niños y adolescentes de hoy han conocido y han vivido muy poco esas realidades.

El sociólogo Roberto Rodríguez, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), habla sobre la necesidad de lanzar campañas de información sobre lo que podría generar el uso desmedido de dispositivos móviles en las infancias y adolescencias del país.

“Urgen campañas de sensibilización y de información dirigidas a todas estas mamás y papás que no saben el daño que le podrían generar a los menores de edad dándoles un dispositivo inteligente a manera de ‘niñera’”, advierte.

Sostiene que “venimos de generaciones en que la lectura era un instrumento fundamental para la educación, para la generación del conocimiento, para la formación de las personas y ya fue sustituida por los dispositivos electrónicos que, difícilmente, son empleados para la formación intelectual”.

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